2 500 – 5 000
en la escala Scoville: picante suave, nunca abrasador
Para preparar salsas o adobos.
Chile guajillo
El guajillo es el chile mirasol seco: piel dura y lisa, de un café rojizo oscuro que tira a naranja, con un ligero sabor a té verde. Más o menos picoso según la variedad, perfuma más que quema: es el que da a las salsas rojas su color profundo.
En México se mezcla con frecuencia con otros chiles: con el ancho y el pasilla forma el trío básico de salsas, adobos y moles.

2 500 – 5 000
en la escala Scoville: picante suave, nunca abrasador
2 / 5
su fuerza en nuestra escala: picante
100 g
de chiles enteros
Abra el chile y retire el rabo, las semillas y las venas blancas: ahí se concentra el picante. Guarde algunas si lo prefiere más fuerte.
En un comal o sartén seco, a fuego medio, unos segundos por cada lado, hasta que suelte su aroma. Nada más: quemado, amarga.
Cúbralo con agua caliente de 15 a 20 minutos, hasta que esté suave. Lícuelo con un poco de su agua: ya tiene una base de salsa.
La base de las salsas rojas de mesa y de los adobos: licuado con ajo, comino y un chorrito de vinagre, envuelve el cerdo, el pollo o el pescado antes de la parrilla.
Pozole rojo, birria, consomés: da color y aroma al caldo sin volverlo abrasador.
Mezclado con la masa, da su tono ladrillo a los tamales, a las quesadillas potosinas, a los sopes y a los tlacoyos.
No: es ante todo un chile aromático. Entre 2 500 y 5 000 unidades Scoville, es mucho menos fuerte que un chile de árbol y no tiene comparación con un habanero. Sin semillas, la salsa queda muy suave.
Los tres se complementan. El guajillo aporta el color rojo y una nota viva; el ancho (un poblano seco) es dulce, con sabor a ciruela pasa; el pasilla añade un dejo de pasa. Muchas salsas mexicanas combinan dos o los tres.
Con chile ancho para un resultado más suave, o ancho con un poco de chile de árbol para recuperar el picante. El pimentón solo da color, no aroma.
Opiniones verificadas
Premio Épicures 2024